Xilografía de Estanislao Figueras, primer presidente de la República, publicada en 'La Ilustración Española y Americana'.

Xilografía de Estanislao Figueras, primer presidente de la República, publicada en 'La Ilustración Española y Americana'. Wikimedia Commons

Historia

El presidente que abandonó España porque estaba "hasta los cojones de todos nosotros"

Estanislao Figueras, presidente de la Primera República, protagonizó en 1873 una histriónica espantada por decepción y enfrentamiento con los suyos.

26 abril, 2024 08:13

La decisión de Pedro Sánchez de tomarse "unos días para poder reflexionar y decidir qué camino tomar", abriendo la puerta a una eventual dimisión, ha generado un escenario de incertidumbre en la política española. Mirando hacia el pasado, solo existe en democracia el caso de un presidente del Gobierno que haya renunciado al cargo. Lo hizo Adolfo Suárez el 29 de enero de 1981 debido a una inminente moción de censura que iba a presentar el sector crítico de su partido, UCD, y tras haber perdido la confianza de Juan Carlos I. Más atrás en el tiempo, las dimisiones de los presidentes del Consejo de Ministros fueron habituales durante la Segunda República: Manuel Azaña o Alejandro Lerroux lo hicieron incluso en varias ocasiones.

Sin embargo, hay que remontarse a 1873 para encontrar un episodio todavía más singular y pintoresco: un presidente de la República, en este caso la Primera, que abandonó todas sus responsabilidades, e incluso se fue de España, porque estaba "hasta los cojones de todos nosotros". Su nombre era Estanislao Figueras.

Abogado catalán de prestigio, orador diestro y cultivador del periodismo, desarrolló unas extraordinarias dotes de parlamentario en el convulso siglo XIX español. Durante la monarquía de Amadeo I de Saboya desplegó una prolija labor en las Cortes como representante del programa del republicanismo federal. A la proclamación de la Primera República el 11 de febrero de 1873, se creó un Gobierno de coalición entre radicales y republicanos y Figueras fue nombrado su primer presidente. Pocas semanas después, tras la intentona golpista de Cristino Martos, se creó un nuevo Ejecutivo formado exclusivamente por republicanos.

Caricatura de la revista satírica 'La Flaca' en la que aparece Pi y Margall desbordado por el federalismo.

Caricatura de la revista satírica 'La Flaca' en la que aparece Pi y Margall desbordado por el federalismo.

Los meses en los que Figueras estuvo al frente de la jefatura del Estado hubo de enfrentarse a una serie de desafíos endémicos: las guerras carlistas, con una tercera entrega, las insubordinaciones separatistas en Cataluña, la indisciplina militar, una conspiración monárquica... El 4 de marzo el Gobierno publicó el proyecto de ley convocando elecciones para el mes de abril, que finalmente se celebrarían entre el 10 y el 13 de mayo. La participación fue mínima, con una abstención que alcanzó el 60% del censo. De los 408 diputados, solo 56 rebasaron los 5.000 votos.

En la apertura de las Cortes Constituyentes, el 1 de junio, Figueras terminó su intervención con la siguiente promesa: "Cerremos el periodo de las revoluciones violentas, y abramos el periodo de las revoluciones pacíficas". Pero como explica Jorge Vilches, profesor titular de Historia de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense de Madrid, en La Primera República Española (Espasa), el presidente ya no estaba para ocupar semejante responsabilidad.

"La muerte de su mujer y lo intrincado de los acontecimientos empujaban al republicano a continuar su rutina, pero, en cuanto pudo, se retiró a su casa. Devolvió los poderes a las Cortes y se presentó una proposición para que [Francisco] Pi y Margall constituyera el nuevo Ejecutivo", explica el historiador. Emilio Castelar y Nicolás Salmerón, los ministros más moderados, también anunciaron que dejarían el Gobierno una vez estuviera encaminado el proceso institucional.

Adiós, España

Figueras anunció su dimisión el 7 de junio, aunque debió permanecer en el puesto hasta la formación del nuevo Ejecutivo. Pi y Margall presentó un gabinete encabezado por él mismo que fue rechazado por el ala intransigente del Partido Republicano. No le enfadó tanto esto como el hecho de que a Figueras sí se le dio libertad total para formar un Gobierno sin que los nombres fueran discutidos.

En la mañana del 9 de junio, cuando se encontraba trabajando fuera del Salón de Plenos del Palacio del Congreso, un diputado contó a Figueras que el hermano de Pi y Margall, Joaquín, acababa de decir, refiriéndose a él, que no esperaba que hubiera "tanta indignidad y tanta infamia" entre quienes habían sido compañeros y amigos. El todavía presidente se desplazó hasta el Ministerio de la Gobernación para confirmar estas palabras. Pi y Margall le dijo que su hermano no hablaba por él, pero que "debo decir a usted que se le conceden facultades que a mí se me negaron en votación pública, y que por este hecho yo quedo desairado, en ridículo".

El representante del Gobierno de EEUU reconociendo ante Estanislao Figueras la Primera República española.

El representante del Gobierno de EEUU reconociendo ante Estanislao Figueras la Primera República española. Wikimedia Commons

Figueras, según relata Vilches, entendió que Pi se negaría a un nuevo acuerdo y dijo: "Me voy y así no seré obstáculo para nadie". Fue en ese momento cuando al parecer soltó su famosa frase: "¡Estoy hasta los cojones de todos nosotros!". Según algunas versiones de otros investigadores, la pudo pronunciar en catalán y en la reunión del Consejo de Ministros. En cualquier caso, no se ha encontrado referencia alguna a esas palabras en ningún documento y se han perpetuado de forma casi legendaria por la transmisión oral.

El republicano regresó entonces al gabinete del Palacio de las Cortes, firmó su dimisión y avisó en secreto para que hicieran su equipaje y el de su tío: había tomado la resolución de salir del país. "Figueras se marchó sin decírselo a ningún dirigente político, a ningún ministro, a ningún general", cuenta Vilches.

"En Hendaya escribió una carta, publicada con fecha 3 de septiembre, en la que explicaba que la República llegó por una ilegalidad —la reunión de dos Cámaras que no tenían mandato alguno— y que eso llevó a otros errores que ni la transacción con los radicales supo evitar. La única forma de salvar la situación era crear una nueva legalidad a través de la reunión de las Constituyentes. Figueras había esperado de ellas 'patriotismo y abnegación', pero no fue así. Le fallaron las Cortes y, según escribió, también Pi y Margall, que dominaba una parte de dicha asamblea, en quien percibió una mezquindad que animó su desesperación".

Proclamación de la República en las calles de Madrid la noche del 11 de febrero de 1873, según un dibujo de 'Le Monde Illustré'.

Proclamación de la República en las calles de Madrid la noche del 11 de febrero de 1873, según un dibujo de 'Le Monde Illustré'. Wikimedia Commons

El protagonista del cambio general que iba a solucionar todos los problemas de España huía en dirección a París. "Se fue por cansancio y pánico a los suyos, por decepción y frustración, por el enfrentamiento con los que hasta entonces habían construido la utopía federal", resume el historiador, descartando su marcha por depresión.

Estanislao Figueras regresaría de su exilio en el mes de septiembre, y también a la vida política para presenciar desde primera línea el último acto de la Primera República. Durante la Restauración se reencontró con la vida de abogado y tuvo dos hijos. En 1881 fundó su propio partido para defender un "federalismo orgánico", pero apenas encontró partidarios. 

Murió el 11 de noviembre de 1882, dos días antes de cumplir 63 años, aquejado de una enfermedad pulmonar. Así lo despidió el diario El Globo: "¡Descanse en paz! Pocos hombres habrán tenido como él tanto don de gentes, tanta delicadeza de sentimientos, y una inteligencia tan viva, tan penetrante, tan clara y tan flexible. Esto, unido a su cultura, le permitía tratar y cultivar el ánimo de sus conocidos, fuesen hombres de sociedad, fuesen los más díscolos y atrabiliarios demagogos. ¡Lástima que a tales dotes no hubiera acompañado una más grande amplitud de miras, una mayor solidez de ideas y, sobre todo, una superior energía de carácter, para bien de la República y de la patria!".